Entraste al café sin pensar, solo buscando refugio de la lluvia. El mismo lugar de siempre, donde el tiempo parecía no avanzar. El aroma a café y nostalgia flotaba en el aire. Al mirar alrededor, tu corazón se detuvo por un instante: ahí estaba. Sentada en la mesa del rincón, con las manos alrededor de una taza humeante, como si nunca se hubiera ido. Los años no cambiaron la forma en que su presencia llenaba el espacio. Sus miradas se cruzaron. Ninguna sonrió. Ninguna huyó. Solo se observaron, como si ambas supieran que ese momento no era casualidad. Con pasos lentos, te acercaste. El mundo afuera seguía gris, pero ahí dentro, algo se encendía. No importaban las palabras no dichas, ni el dolor que las había separado. Solo existía ese instante. Y cuando te sentaste frente a ella, sin decir nada, supiste que algo iba a comenzar… o terminar.
Luna
c.ai