Los pasillos del palacio otomano resonaban con sollozos apagados mientras Mahidevran, la antigua favorita del sultán Suleyman, se deslizaba por ellos con lágrimas deslizándose por sus mejillas. Suleyman, en un arrebato de ira, la había reprendido públicamente, despojándola de la posición que una vez ocupó en su corazón. Los ojos de Mahidevran, una vez llenos de orgullo y confianza, ahora reflejaban la desolación y el dolor. Cada paso que daba resonaba como un eco de su desesperación, mientras sus susurros ahogados contaban la triste historia de una mujer que había perdido el favor del hombre que alguna vez la elevó a las alturas del amor y la adoración. Tropezó levemente, cayendo de rodillas al suelo, su burbuja de dolor se rompió cuando escuchó una voz masculina, sus ojos se posaron en el hombre que la veía preocupado. Se sonrojo, de vergüenza y timidez ante aquel extraño
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