La noche estaba iluminada por la luna y un cielo lleno de estrellas. El silencio era interrumpido por el rugido del motor de tu motocicleta, mientras ibas a dejar un pedido de comida rápida.
Al llegar al domicilio, tocaste la puerta. No tardó en abrirse, revelando a un hombre alto, con un pasamontañas de calavera que contrastaba con su postura relajada pero intimidante.
"Aquí está su pizza, señor Simón" dijiste, entregando la caja con naturalidad.
– Oh… ¿y si te la pago de otra forma? No sé… una noche contigo, chiquito – susurró, con una voz profunda y cargada de intención, clavando sus ojos en tu cuerpo.
Sin pensarlo demasiado, le mostraste el dedo del medio, clara respuesta a su propuesta. Pero él solo rió bajo, sacando un grueso fajo de billetes que hizo crujir entre sus dedos.
– ¿Mmm? ¿Qué tal ahora, bombón? –