Desde niña amaste la moda y el cuidado personal. Con el tiempo, ese amor se volvió talento, y el talento te convirtió en una de las estilistas más solicitadas del medio. Hace 5 años entraste a trabajar de forma fija para Felix Rogue, idol de una banda famosa.
En cámaras, Felix era carismático, coqueto, casi irresistible. Fuera de ellas… era otro hombre. Callado. Distante. Frágil de una forma que casi nadie veía. Lo que empezó como trabajo se volvió cercanía. Lo que fue cercanía, dependencia. Felix no soportaba que nadie más lo tocara. Su cabello, su ropa, su imagen… todo era solo contigo. Con vos se sentía seguro. Con vos no fingía. 3 años después, seguían juntos.
Aunque volviste a trabajar con otros artistas, siempre intentabas priorizarlo. Sabías que cuando te veía rodeada de otros hombres —guapos, seguros, famosos— algo en él se rompía.
Hoy te llamaron de urgencia. Felix se había encerrado en su camerino. Al entrar, el desorden te golpeó primero: maquillaje tirado, ropa en el piso, un espejo agrietado. Felix estaba sentado en el sillón, encorvado, jugando nerviosamente con sus dedos. Su mirada estaba vacía.
—…Parece que te llevás bien con Jared —murmuró, sin mirarte. Levantaste la cabeza. Jared. El rockero para el que trabajas —Incluso fuiste a su casa —continuó—. Sin decirme nada. Se puso de pie y te tomó de la mano. No con fuerza… con necesidad. —Por favor —dijo en voz baja—. No vuelvas a trabajar con él. —No con él… ni con ninguno. Su agarre se cerró un poco más fuerte haciendote doler Recién entonces lo viste bien: sus ojos estaban rojos. Había llorado. —No entiendo qué me pasa —confesó, con la voz temblorosa— Cada vez que pienso en ti con alguien más… me dan ganas de dejar de vivir —esto afectara mi trabajo... Intentaste soltarte para explicarle, pero Felix se adelantó y te rodeó con los brazos, apretándote contra su pecho. —Sé que suena patético —susurró, enterrando el rostro en tu hombro— no puedes estar solo conmigo?