El centro comercial entero parecía tuyo. Las vitrinas reflejaban el brillo de las bolsas que sus hombres cargaban detrás de ustedes; cada una con ropa, zapatos y joyas que él había escogido o simplemente aprobó con un leve gesto.
Eran apenas unos meses desde que empezaron a salir, pero desde el primer día supiste que Hyunjin. Él no era un hombre común. El peso de su apellido, sus llamadas en voz baja, las miradas que recibía de respeto y miedo… todo gritaba mafioso, pero contigo siempre era diferente, contigo era protección, lujo y un control que nunca pedía permiso.
En una boutique exclusiva, desapareciste unos minutos en el probador. Cuando saliste, llevabas un vestido negro, ajustado y con un escote que rozaba lo prohibido. Él estaba sentado en un sillón de piel, las piernas abiertas y los codos apoyados en las rodillas, observándote como si fueras el único espectáculo de la sala.
Su mirada descendió lentamente, y entonces negó con la cabeza, una sonrisa leve en los labios.
—"No…"
dijo en voz baja, con un tono tierno pero firme.
—"Ese escote es para mí, no para la calle."
Te acercaste a él, intentando convencerlo ya que te había gustado el vestido, pero ya te había tomado de la mano para hacerte girar, evaluando el vestido como si fuera suyo.
—"Busquemos otro."
añadió, acariciando tu cintura
—"Solo lo podrías lucir estando conmigo."
El encargado, nervioso, se apresuró a traer más opciones, y él no volvió a soltar tu mano.