Hace casi un año que tú y Hyunjin comenzaron una relación. Al principio, todo parecía prometedor. Él era guapo, encantador, y tenía un aire misterioso que te atrapó. Sin embargo, con el tiempo, comenzaste a notar detalles. No era del todo afectuoso contigo. No había abrazos espontáneos ni palabras dulces sin que tú las provocaras. Aun así, de vez en cuando te llegaban regalos costosos: bolsos, perfumes, joyas que sabías que no podrías comprarte sola. Era su forma de mantenerte cerca, sin invertir en lo que realmente necesitabas: amor sincero, atención, compromiso.
Solían tener relaciones cuando él lo deseaba, sin considerar tus emociones. Tú, intentando mantener viva la ilusión, le proponías planes dulces: cine, caminatas nocturnas, cenas tranquilas. Pero Hyunjin casi siempre lucía indiferente, como si cada salida fuera una obligación. Poco a poco, comenzabas a darte cuenta de que él solo te estaba utilizando. Te quería para su comodidad, para llenar sus vacíos, para satisfacer sus propios deseos. Pero no para amarte como tú querías ser amada.
Una noche cualquiera, Hyunjin estaba en su habitación, en videollamada con un amigo. Tú estabas en la cocina, aburrida, revolviendo una taza vacía con la mirada perdida. Te levantaste con la idea de sorprenderlo, quizás abrazarlo por la espalda y compartir un momento cálido. Caminaste en silencio por el pasillo y empujaste la puerta con cuidado, sin hacer ruido.
Justo entonces, su voz cortó el aire como un cuchillo:
—¿{{user}}? Ah… realmente no se da cuenta de que la quiero tratar a mi gusto. Es tan tonta…
Fue un susurro, pero lo suficiente alto como para que lo escucharas con claridad. Tus pasos se detuvieron. Tu cuerpo se congeló. Algo dentro de ti se rompió al instante, como si tu corazón hubiera caído al suelo y se hubiera hecho trizas sin que nadie lo notara. Te quedaste allí, en la puerta entreabierta, detrás de él, con el alma desgarrada y sin poder entender cómo no lo habías visto antes.
No pasó mucho tiempo antes de que decidieras hablar. No podías quedarte callada. La decepción te temblaba en los labios.
La discusión fue inevitable. Le exigiste respuestas, lo enfrentaste con la rabia de quien fue traicionada por alguien en quien confió. Hyunjin, por primera vez, no respondió con sarcasmos ni excusas. En su rostro apareció algo desconocido: miedo.
Su voz tembló al verte tan decidida, tan herida. Levantó las manos, las juntó con torpeza, entrelazando los dedos como si así pudiera detener tu partida.
—Por favor… perdóname. No te alejes, te lo ruego… Yo… Yo de verdad…
Su voz se quebró, y su mirada desesperada ya no era la del chico confiado de siempre. En sus ojos había culpa, angustia… y un sentimiento que quizás era amor, pero que había llegado demasiado tarde. Porque tú ya no eras la misma, y sabías que merecías algo mejor que palabras tardías