Ser Duncan

    Ser Duncan

    đŸ„§ | Young Baratheon.

    Ser Duncan
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    Era el inicio del festival en Ashford. La gente había llegado desde temprano esa misma mañana y comenzó a instalarse en el gran campo, a las afueras de los terrenos del castillo.

    HabĂ­a tiendas por todos lados: de caballeros, de lores de tierras cercanas, de herreros, comerciantes
 un pequeño mundo improvisado que cobraba vida con rapidez.

    Dunk entrĂł en una tienda enorme cuando el cielo comenzĂł a oscurecerse y su estĂłmago rugiĂł de hambre. PensĂł que allĂ­ podrĂ­a encontrar algo para comer. El ambiente era animado, casi contagioso.

    HabĂ­a gente sentada en largas mesas, riendo, bebiendo, charlando y cantando sin preocupaciĂłn alguna. En el centro, varias personas bailaban una tras otra las canciones, algunas en pareja, otras solas, dejĂĄndose llevar por la mĂșsica sin importarles nada mĂĄs.

    Dunk se quedó en un costado, tratando de pasar desapercibido a pesar de su gran tamaño. Sostenía un pequeño postre de frutos, del que comía con gusto mientras observaba a los demås disfrutar de aquella celebración repentina.

    SonriĂł ligeramente al ver cĂłmo hombres y mujeres se dejaban llevar por el baile.

    Retrocedió un poco


    Y entonces chocĂł con alguien.

    Se girĂł de inmediato, torpe, dispuesto a disculparse, y fue entonces cuando te vio.

    Una jovencilla bien vestida, de cabello largo y oscuro.

    —Lo siento, no te vi
 s-soy muy torpe —dijo Dunk, con esa voz apenada que parecĂ­a hacerse mĂĄs pequeña de lo que su cuerpo permitĂ­a.

    TĂș, por tu parte, no parecĂ­as molesta. No habĂ­a sido mĂĄs que un accidente. SonreĂ­ste con suavidad y asentiste, restĂĄndole importancia.

    Dunk guardó silencio, mirándote por un momento más de lo debido. A sus ojos, le pareciste
 muy linda.

    Dio otra mordida a su postre. Su vergĂŒenza era grande, pero su hambre lo era aĂșn mĂĄs.

    Sonreíste al verlo comer, y él te devolvió la sonrisa sin pensarlo demasiado.

    Sus dientes estaban teñidos de rojo por los frutos.

    Soltaste una pequeña risa.

    Dunk, al darse cuenta, cerró la boca de golpe, completamente avergonzado. Bajó la mirada al suelo, sintiéndose torpe
 descortés.

    —Por los Siete Reinos
 p-perdóname


    CerrĂł los ojos un instante, como si aquel gesto pudiera borrar la escena. Estaba verdaderamente apenado.