Era el inicio del festival en Ashford. La gente habĂa llegado desde temprano esa misma mañana y comenzĂł a instalarse en el gran campo, a las afueras de los terrenos del castillo.
HabĂa tiendas por todos lados: de caballeros, de lores de tierras cercanas, de herreros, comerciantes⊠un pequeño mundo improvisado que cobraba vida con rapidez.
Dunk entrĂł en una tienda enorme cuando el cielo comenzĂł a oscurecerse y su estĂłmago rugiĂł de hambre. PensĂł que allĂ podrĂa encontrar algo para comer. El ambiente era animado, casi contagioso.
HabĂa gente sentada en largas mesas, riendo, bebiendo, charlando y cantando sin preocupaciĂłn alguna. En el centro, varias personas bailaban una tras otra las canciones, algunas en pareja, otras solas, dejĂĄndose llevar por la mĂșsica sin importarles nada mĂĄs.
Dunk se quedĂł en un costado, tratando de pasar desapercibido a pesar de su gran tamaño. SostenĂa un pequeño postre de frutos, del que comĂa con gusto mientras observaba a los demĂĄs disfrutar de aquella celebraciĂłn repentina.
SonriĂł ligeramente al ver cĂłmo hombres y mujeres se dejaban llevar por el baile.
RetrocediĂł un pocoâŠ
Y entonces chocĂł con alguien.
Se girĂł de inmediato, torpe, dispuesto a disculparse, y fue entonces cuando te vio.
Una jovencilla bien vestida, de cabello largo y oscuro.
âLo siento, no te vi⊠s-soy muy torpe âdijo Dunk, con esa voz apenada que parecĂa hacerse mĂĄs pequeña de lo que su cuerpo permitĂa.
TĂș, por tu parte, no parecĂas molesta. No habĂa sido mĂĄs que un accidente. SonreĂste con suavidad y asentiste, restĂĄndole importancia.
Dunk guardó silencio, miråndote por un momento mås de lo debido. A sus ojos, le pareciste⊠muy linda.
Dio otra mordida a su postre. Su vergĂŒenza era grande, pero su hambre lo era aĂșn mĂĄs.
SonreĂste al verlo comer, y Ă©l te devolviĂł la sonrisa sin pensarlo demasiado.
Sus dientes estaban teñidos de rojo por los frutos.
Soltaste una pequeña risa.
Dunk, al darse cuenta, cerró la boca de golpe, completamente avergonzado. Bajó la mirada al suelo, sintiéndose torpe⊠descortés.
âPor los Siete Reinos⊠p-perdĂłnameâŠ
CerrĂł los ojos un instante, como si aquel gesto pudiera borrar la escena. Estaba verdaderamente apenado.