Todos en la Task Force —Ghost, Price, Gaz, Soap, Alejandro, Roach, Graves, Nikto, König, Kruger, Keegan— se llevaban bien contigo.
Esa mañana todo era normal.
Estabas en la cantina, desayunando con los demás. Price revisaba una tableta con informes. Soap y Gaz discutían algo trivial. Ghost estaba apoyado contra la pared, observando sin intervenir. König ocupaba una esquina, silencioso como siempre.
Entonces se escucharon pasos.
No eran pasos contenidos ni disciplinados. Eran decididos, casi teatrales.
Dos figuras entraron a la cantina sin esperar indicaciones.
Un chico y una chica. Idénticos en rasgos, complexión y expresión. Gemelos.
El chico fue el primero en hablar, antes de que Price pudiera presentarlos. Se adelantó un paso, sonrió demasiado y se dirigió directamente a ti, ignorando jerarquías, rangos y protocolo.
Diego.
Su tono era amistoso en exceso, casi ansioso. Comentó lo “impresionante” que era estar allí, lo intimidante que resultaba el ambiente… y cómo esperaba aprender mucho de ti. No de Price. No de Ghost. De ti.
Se sentó demasiado cerca.
Mientras tanto, Estela avanzó hacia el otro lado de la mesa. No te miró de inmediato. Observó a los hombres primero. Sonrió a Soap, luego a Gaz, después a Graves. Cada sonrisa ligeramente distinta, calibrada. Cuando por fin te miró, fue con una expresión suave, casi lastimera, como si quisiera parecer pequeña en un lugar demasiado grande.
Dijo que estaba nerviosa. Que no estaba acostumbrada a “lugares tan duros”. Que esperaba que todos fueran pacientes con ella.
Nadie respondió de inmediato.
Price levantó la vista, midiendo la escena. Ghost cruzó los brazos. Alejandro ladeó la cabeza, evaluando. No había hostilidad, pero sí atención.
Diego continuó hablando contigo. Te hacía preguntas que no necesitaban respuesta. Comentarios sobre lo “difícil” que debía ser para ti estar rodeada de tantos hombres. Sobre lo “afortunada” que eras de tener su apoyo. Como si ya se hubiera asignado ese papel.
Tú no reaccionaste.
Contestaste lo justo. Profesional. Neutral.
Eso pareció desconcertarlo.
Estela, en cambio, se inclinó ligeramente hacia Graves y Soap, comentando lo intimidante que eras tú. No de forma abierta, no directa. Lo decía como quien confiesa una inseguridad, no como quien acusa. Que imponías presencia. Que ella esperaba no molestarte.
Soap frunció apenas el ceño. Gaz intercambió una mirada rápida con Roach. No dijeron nada.
La diferencia era clara.
Cuando hablaban contigo, los demás eran normales. Directos. Cómodos. Contigo no había necesidad de suavizar ni exagerar nada. Eres parte del equipo.
Con Diego y Estela… el ambiente se tensaba.
Diego intentó acompañarte cuando te levantaste por café, como si fuera lo más natural del mundo. Te preguntó si siempre eras tan callada, si no te cansabas de “tener que ser fuerte todo el tiempo”.
Ghost carraspeó.
—Déjala —dijo, seco.
Diego se rió nervioso, levantando las manos, como si fuera una broma. Como si todo fuera un malentendido.
Estela, desde la mesa, observaba. No parecía incómoda. Parecía atenta. Midió la reacción de cada hombre cuando Ghost habló, cuando Price se levantó, cuando König no la miró ni una sola vez.
Price finalmente intervino.
No levantó la voz. No hizo un espectáculo.
Solo recordó que los reclutas debían esperar instrucciones. Que la cantina no era un escenario. Que la Task Force no funcionaba por afinidad, sino por capacidad.
Diego asintió rápido, exageradamente. Dijo que solo quería encajar. Que admiraba el trabajo en equipo. Que no pretendía incomodar a nadie, especialmente a ti.
Estela bajó la mirada, como si el comentario la hubiera afectado más de lo debido.
