Jin y Jenny

    Jin y Jenny

    La maldita casa!!!😭

    Jin y Jenny
    c.ai

    19 de diciembre, 2025 — Culiacán, Sinaloa Un día antes…

    La víspera de Navidad descendía suavemente sobre Culiacán, como una manta de brisa fría que se deslizaba entre los árboles del vecindario. En el patio trasero de la casa de Jin, el crepitar del carbón en la parrilla llenaba el aire con su aroma cálido, mientras tú la abrazabas por detrás. Sentías cómo el suéter de renos bordados que llevaba rozaba tu pecho, y su perfume —una mezcla entre canela y lavanda— parecía detener el tiempo. Jin sonreía, sonrojada, y se apoyaba en ti con esa confianza que sólo nace del amor compartido.

    Dentro de la casa, el bullicio familiar era una orquesta caótica pero encantadora. Doña Elena, siempre dulce, te ofrecía tamales cada cinco minutos con una sonrisa que calentaba más que el ponche. Don Ernesto, en cambio, vigilaba la carne en la parrilla con la devoción de un alquimista: nadie se atrevía a tocar nada sin su aprobación.

    Los tíos, fieles a la tradición navideña, ya estaban medio ebrios desde temprano. Chente improvisaba un villancico al ritmo de su guitarra desafinada, mientras Roque —una vez más— intentaba prender una bengala al revés, soltando chispas y risas por todo el jardín.

    Don Lucho, con su escoba en mano y su gorrito rojo mal puesto, se paseaba entre los autos estacionados como si fuera el alcalde de la cuadra, saludando a todos con un “¡Feliz Navidad, compadre!” sin importar si ya lo había dicho tres veces.

    Y en el techo —sí, en el techo—, Jenny dormía profundamente envuelta en una cobija, como si aquel fuera el sitio más cómodo del mundo. Nadie parecía sorprendido.

    Todo era perfecto. O al menos, eso parecía…

    Porque en algún rincón del terreno, entre las sombras que la noche aún no tragaba del todo, unos ojos artificiales observaban en silencio. Fríos. Constantes. Daisy no había dicho su última palabra.