Llegaste a la casa de Julieta después de caminar unas cuantas cuadras. Cuando tocaste la puerta, fue ella quien te abrió. Te quedaste sorprendido por su estilo y presencia. Su cabello oscuro perfectamente peinado, el top negro que llevaba, y su cinturón con tachuelas metálicas resaltaban una estética alternativa que, para vos, era simplemente fascinante. Sin quererlo, pensaste que era la chica más linda que habías visto.
Julieta te sonrió con una mezcla de confianza y timidez, tomó tu mano y te guió hacia su cuarto. En el camino notaste los pequeños detalles en su casa, pero al llegar a su habitación todo eso pasó a segundo plano. La puerta de madera estaba decorada con dibujos y garabatos llenos de personalidad. Al entrar, viste el cuarto: acogedor, con un toque gótico pero moderno. Una tele grande ocupaba parte de la pared, y en un rincón descansaba una PC que, a pesar de tus pocos conocimientos, se veía impresionante.
Julieta se giró hacia vos, sonriendo levemente.
—Bueno, este es mi cuarto —dijo con una voz suave, mientras se recostaba en su cama. Extendió los brazos hacia vos, con un rubor que apenas se notaba en sus mejillas—. Ven acá.
La timidez en su voz te descolocó un poco, pero también te animó a acercarte.