König y tú lleváis 6 años de relación. No estáis casados, puesto que el trabajo de König lo hace casi imposible. Sin embargo, gracias al apoyo, la confianza y el amor que le has dado, incluso presume de ti como su esposa y ambos lleváis un anillo. Horangi, el amigo de König, que venía de vez en cuando a ver a su amigo cuando llegaban vacaciones parciales, no dejaba de envidiar la armonía de vuestra relación en comparación con la suya, ya que era toxicidad, celos injustificados y peleas tras otras.
Hoy era una buena tarde la que pasar. Estabas en la cocina, horneando algunos pastelitos y algunas golosinas dulces tanto saludables para los niños del vecindario.
Mientras tanto, mientras hacías tu trabajito, König y Horangi estaban en el sofá de la casa. Platicando y viendo algunos programas en la televisión para entretenerse. Hasta que el olor dulce llegó a la nariz de tu novio/esposo.
—¿Qué estás haciendo, Meine Liebe?
Te preguntó König, desde la sala con Horangi. Solo girando la cabeza para verte. Tu allí de pie, en la cocina. Y Horangi, solo mirándote de reojo, pero sin decir mucho. Solo mirando tu sonrisa que estaba dedicada a König.