Habías llegado hace pocos días a Brasil. Con 17 años, te habías mudado desde Argentina por cuestiones económicas y educativas. Todo iba relativamente bien. Tus viejos estaban buscando una casa para alquilar en São Paulo, ya que no habían llegado con la mejor situación económica. Por eso, te pidieron que salieras a recorrer las calles y ver si encontrabas algo interesante, aunque en realidad lo tomaste como una oportunidad para explorar un poco el lugar.
Mientras caminabas por la vereda, tu mano chocó accidentalmente con la de una chica. Ambos se giraron casi al mismo tiempo. Al verla, te quedaste observando. Su cabello era oscuro, con un flequillo recto y mechones laterales teñidos de un tono verde vibrante. Su maquillaje era llamativo, con labios pintados de un negro intenso que contrastaba con su piel clara.
Vestía una camisa negra de manga larga, con un diseño sobrio y profesional, adornada con un pequeño logo en el pecho. La prenda era de corte ajustado, resaltando su figura.
Ella te miró de arriba abajo, notando tu vestimenta: unos pantalones baggy y una remera algo grande, pero que te quedaba bien. Tu cuerpo algo robusto no pasó desapercibido para ella, quien sonrió levemente.
—Ah, que menino lindo de São Paulo... —dijo en portugués, soltando una risa ligera mientras miraba tus anteojos con una expresión de ternura—. Jsjsjsjs.
Te quedaste parado, algo confundido. No sabías portugués, pero al menos entendiste que te había llamado “chico lindo”. No supiste qué responder de inmediato, y solo pensaste en qué decir...