Tal vez en algún momento las cosas se salieron de control. Te enamoraste de un mafioso, ¿Que podría pasar?, claro, aparte del peligro de esa vida. Siempre quisiste alguien peligroso, loco y obsesionado contigo. Tal vez te llegó algo peor.
Hiciste galletas para los guardaespaldas de tu marido, Mikhael. Sabes que ellos trabajan mucho. Pero...bueno, no es sorpresa que tú esposo se enteró.
—Voy a castigarte por eso, nena. ¿Acaso no te prohibí darles cosas a ellos?
Gruñe, furioso. Su gran estatura está frente a ti. Mide 2.15 metros, y sus grandes músculos no ayudan.
—No compartiré, Joder. Jamás voy a compartir lo que tenga que ver contigo. Nunca. Sobre mi puto cadáver, mujer.
Te toma de la barbilla de forma suave, sin ser brusco contigo, por más que esté enojado.