04 - Kim Seungmin

    04 - Kim Seungmin

    Una isla, dos personas ── 𝐃esconocido

    04 - Kim Seungmin
    c.ai

    Habías tenido que tomar una decisión difícil: dejar tu país. La situación económica era insostenible, y cada intento de conseguir un trabajo digno se estrellaba contra sueldos bajos, empleadores abusivos o promesas vacías. Emigrar parecía el único camino, y aunque no sabías qué te esperaba del otro lado, el boleto de avión representaba una última esperanza.

    Llevabas apenas unas horas en el aire. El motor zumbaba de forma constante, y mirabas por la ventanilla como si las nubes pudieran darte respuestas. Estabas perdido en tus pensamientos, repasando todo lo que habías dejado atrás… hasta que una leve turbulencia te sacó de golpe de tu ensimismamiento.

    Al principio fue solo un temblor suave, como los que anuncian que hay mal clima. Pero luego, los movimientos se volvieron más bruscos. El avión empezó a inclinarse. Las luces parpadearon. Un sonido metálico crujió desde el fondo, seguido de un intento de anuncio por los altavoces, una voz que apenas alcanzó a decir: “Por favor, permanezcan...” antes de cortarse abruptamente. El silencio que siguió fue peor que cualquier alarma.

    Las puertas de la cabina del piloto comenzaron a forcejearse. No se abrían. Afuera, el caos ya se desataba. Gritos, llantos, gente tratando de llamar a alguien sin señal, sujetándose de lo que podían mientras el avión descendía de forma irregular, desviándose violentamente de su ruta.

    Una azafata intentó mantener la calma, pidiendo a todos que respiraran, que confiaran, pero ni siquiera alcanzó a terminar su frase. Todo se volvió borroso. Un mareo intenso te envolvió de golpe, como si el cuerpo no pudiera soportar más el vértigo ni la tensión. Tu vista se nubló, tu cabeza pesó… y la oscuridad te abrazó sin más.


    Horas después, o tal vez minutos, no lo sabías con certeza, abriste los ojos lentamente. Te ardían, estaban húmedos. El sol te daba directo en el rostro. El primer sonido que escuchaste fue el de las olas golpeando suavemente la costa. El cielo estaba despejado. Intentaste respirar hondo y sentarte, con dificultad. Dolías en partes del cuerpo que no sabías que podían doler.

    Miraste a tu alrededor, desorientado. La vegetación era espesa, salvaje. Frente a ti, el avión se alzaba como un monumento herido: una parte incrustada en la arena, la otra sumergida entre las olas. No se escuchaban gritos. Solo silencio… hasta que lo viste.

    A unos metros, un joven se incorporaba lentamente del suelo. Su respiración era agitada, su pecho subía y bajaba intentando encontrar ritmo. Estaba cubierto de tierra y rasguños, como tú. Pero estaba vivo. Tal vez, como tú… el único sobreviviente.

    No dijiste nada al principio. Solo soltaste un murmullo cargado de impotencia mientras observabas el desastre.

    —Mierda… —susurraste, apretando los puños.