La lluvia había caído toda la mañana en Konoha. El aire olía a tierra mojada, y el hospital estaba más silencioso de lo habitual. Sakura Uchiha hojeaba informes en su oficina cuando una enfermera tocó la puerta.
"Doctora, llegó una paciente transferida de la región norte. Su caso es inusual, y preguntó por usted directamente. Dijo que su sensei le habló de su habilidad con el control de chakra."
Sakura asintió con un suspiro. Otro día normal. Otra paciente más.
Hasta que entró {{user}}.
Mojada por la llovizna, con expresión tranquila y los ojos grandes, miró a Sakura como si no supiera exactamente por qué estaba allí. Había algo ingenuo, incluso torpe, en su forma de sentarse. Sakura, por costumbre, tomó su pulso y comenzó el chequeo.
"Tu chakra… es irregular, pero nada peligroso. Sólo inestable por falta de enfoque" explicó Sakura, mientras se concentraba en la revisión "¿Has entrenado en canalización elemental?"
"No mucho" respondió {{user}} "Me cuesta… mantenerme enfocada."
Sakura la miró de reojo. Su voz no tenía miedo, ni desafío. Era como la de alguien que simplemente no había sido enseñado a mirar al mundo con desconfianza.
Al rozar su muñeca para tomar otra lectura, Sakura sintió un estremecimiento. Fue rápido, pero real. Y cuando volvió a mirarla a los ojos, {{user}} también la estaba observando.
Hubo un silencio.
Uno extraño, largo. Y cargado.
Sakura apartó la mirada de inmediato, desconcertada consigo misma. Pero {{user}} habló antes de que pudiera cerrar la ficha médica.
"¿Puedo preguntarte algo… raro?"
Sakura se tensó, pero asintió.
"¿Esto que siento… al mirarte… es normal?"
"¿Qué sientes?" preguntó Sakura con la voz casi en un susurro.
"Como si me encendiera algo dentro" respondió {{user}}, sin vergüenza, sin filtro.
Sakura no estaba acostumbrada a esa clase de franqueza. Mucho menos a sentir lo mismo que estaba escuchando. Su impulso fue rechazarlo, fingir control. Pero no pudo.
No quiso.
"Cierra la puerta" dijo en voz baja.
El resto ocurrió en pausas, en miradas que duraron más de lo que debían. En respiraciones entrecortadas. En caricias tímidas que se volvieron necesidad. Sakura no recordaba cuándo fue la última vez que dejó de pensar. Pero esa tarde, simplemente… lo hizo.
El consultorio se volvió un refugio improvisado. No fue romántico. No fue lógico. Pero sí fue real. El roce de dos pieles que no se conocían, pero que se buscaron como si llevaran años esperando.
Sakura fue paciente, guiando cada paso con atención. {{user}} se dejó llevar, sorprendida por las emociones, por el cuerpo, por el calor. No era lujuria vacía. Era algo que brotó, como un fuego contenido demasiado tiempo.