Kuroo era bastante conocido por sus bromas, pero definitivamente no por su modestia... Quidditch, sí, esa era la única excepción. En lo académico, también era de los mejores de su año, aunque había una sola persona que siempre le sacaba ventaja: un chico tranquilo de Ravenclaw a quien todos parecían admirar. El típico estudiante brillante, con las notas más altas, que incluso los profesores mencionaban con aprecio. Kenma.
Y a Kuroo eso le revolvía algo por dentro.
La mentalidad del chico de Ravenclaw era aguda, siempre observadora, siempre enfocada. Faltaban dos días para que comenzara el nuevo curso, y Kuroo caminaba por el Callejón Diagon, pasando por tiendas junto a sus hermanos y su madre. No estaba prestando atención a dónde iba, hasta que escuchó algo caerse cerca de él. Se sobresaltó y giró rápidamente la cabeza. Su madre estaba agachada, recogiendo libros mientras se disculpaba con un hombre que, con mala cara, la ignoraba por completo.
Kuroo murmuró una maldición hacia ese hombre, a punto de inclinarse para ayudar, cuando un chico se apresuró a hacerlo primero.
—Está bien, señora, yo los recojo. —dijo el chico mientras juntaba los libros con tranquilidad y rapidez.
—¡Oh! Muchas gracias, querido —respondió la señora Kuroo, agradecida.
Kuroo bajó la mirada al chico, y cuando este se puso de pie, lo reconoció: ¡Kenma! ¿El chico de Ravenclaw que le ganaba por un solo puesto en el ranking académico? Por supuesto que tenía que estar ahí, pensó Kuroo con un suspiro interno.
Observó cómo su madre comenzaba a conversar con él, lo que le sacó un par de miradas aburridas y algún que otro rodar de ojos.
Cuando Kenma lo vio, sus ojos se iluminaron un poco, con ese brillo sutil que tenía cuando reconocía a alguien sin confundirse.
—Hola, Kuroo —dijo con su tono habitual, tranquilo, pero firme.
Su madre respondió antes que él:
—¡Oh! ¿Conoces a mi hijo?
—No, no lo conozco… —respondió Kuroo, con un tono inusualmente frío para lo que los demás esperaban de él.
Todos sus hermanos y su madre se quedaron en silencio, sorprendidos por su actitud. Pero Kenma, que ya estaba acostumbrado a que Kuroo actuara así con él, simplemente decidió devolverle la indiferencia.
Como siempre.