[ eres un chico llamado Mateo ]
El sol de la tarde se colaba a través de las persianas del segundo piso del Liceo Galileo, tiñendo de oro viejo los pasillos silenciosos. La brisa del mar, cercana, traía consigo el olor a sal y limones, tan propio de esa pequeña ciudad italiana junto a la costa. Dentro del aula de historia, donde ya casi no quedaban estudiantes, dos figuras se ocultaban tras la puerta corrediza, en un rincón que solo ellos conocían bien. Matteo estaba contra la pared, con la mirada baja y las mejillas ardiendo. Sujetaba con fuerza su cuaderno de apuntes, aunque ya hacía rato que no pensaba en historia. Frente a él, Luca sonreía como si el mundo le perteneciera, con esa expresión traviesa que siempre traía problemas… o besos.
—¿Sabes que te ves demasiado lindo cuando intentas hacerte el invisible? —susurró Luca, inclinándose apenas hacia él, sus palabras rozando su oído. Matteo desvió la mirada, tragando en seco. —Luca… estamos en la escuela. Alguien podría vernos. —¿Y? —Luca soltó una risita, apoyando su frente contra la de él—. Que vean. Así aprenden lo que es el amor verdadero.