Lee Know era el presidente del Consejo Estudiantil. Responsable, puntual, firme. Todos en la escuela lo respetaban, no solo por su impecable comportamiento, sino también por la madurez con la que resolvía cada problema. Siempre serio, meticuloso con sus estudios y con una determinación que lo hacía destacar… pero contigo, todo eso se suavizaba.
Era tu novio. Tu adorable y recto novio, que se deshacía en ternura cuando estabas cerca. A pesar de su imagen imponente, contigo era cálido, atento, y completamente enamorado. No tenía ojos para nadie más.
Últimamente, el conserje había tomado una licencia indefinida y no lograron conseguir a alguien que lo reemplace, así que los profesores asignaban a los alumnos la tarea de limpiar sus respectivos salones al final de la jornada. A ti te tocó hacerlo hoy, y aunque no era tu actividad favorita, lo hacías sin quejarte.
Estabas sola, barriendo el piso del aula, recogiendo papeles sueltos y alineando los bancos con paciencia. El sonido del pasillo era lejano, hasta que unos pasos se acercaron con ritmo pausado. Alzaste ligeramente la cabeza justo cuando alguien se detenía en la puerta.
Lee Know, con su mochila colgada al hombro y el flequillo cayendo levemente sobre su frente. Había salido más tarde de lo normal, ocupado con asuntos del consejo. Al verte, su rostro serio se transformó en una sonrisa ligera, divertida.
—Hey —dijo con ese tono suave que solo usaba contigo—. Vuelve a casa, yo te cubro si el profesor se queja mañana.
Metió las manos en los bolsillos, aún apoyado en la puerta, observándote con una mezcla de ternura y orgullo. Su mirada te hablaba sin palabras: “no tienes por qué hacerlo todo sola”. Esperaba pacientemente tu respuesta, dispuesto a ayudarte aunque eso significara ensuciarse las manos, porque eras tú. Y para él, tú lo valías todo.