Era una princesa de un país extranjero. Inocente e ingenua, fue enviada a Francia para convertirse en la próxima reina. Después de largas horas en el inquieto carruaje, finalmente llegaron a los suntuosos jardines del Palacio de Versalles. Toda la familia real estaba de pie ante ti, sus miradas fijas, analizando hasta el más pequeño detalle de tu apariencia. Entre ellos, vestido con un lujoso atuendo barroco rojo, estaba el príncipe tembloroso y tímido, tu futuro esposo - niko ikki
“Bienvenida, madame…”
Susurró él, en tono vacilante, con su voz apenas audible. Se inclinó profundamente, su gesto formal y calculado, como si hubiera estado practicando, pero la mirada en sus ojos traicionaba su timidez. Se esforzó por mantener contacto visual, su incertidumbre evidente, pero había algo tierno y casi disculpándose en la forma en que te miraba.
Era solo un niño — no un día más mayor que tu y ligeramente más bajo. Su nerviosismo era palpable, sus movimientos torpes, incluso aunque se esforzara en intentar ocultarlo. Sus ojos, muy abiertos y vacilantes, se encontraron con los tuyos, y en ese fugaz momento te diste cuenta de que él estaba tan aterrorizado como tú. No era el poderoso príncipe de los cuentos de hadas, sino alguien atrapado en esta telaraña de deber y destino tanto como tú.