Estás en la biblioteca de nuevo. Tu risa, suave, se escapa entre libros y pergaminos. No va dirigida a él, ni a nadie en particular. Solo... eres así.
Tom te observa desde una esquina. No porque no tenga cosas “más importantes” que hacer. Sino porque tú le desconciertas. Tú no le temes. No le adulas. No lo necesitas. Y esa libertad tuya... lo irrita. Lo intriga. Lo obsesiona
Entonces, una tarde, cuando te ve sola revisando un libro maldito sin saberlo, se acerca.
Ese texto tiene magia oscura. Interesante elección… para alguien como tú. dice con tono controlado.
Tú alzas la vista, ladeas la cabeza (tu gesto natural), y sueltas
¿Y qué? ¿También juzgas los gustos ajenos o solo te dedicas a mirar a las chicas desde las sombras?
Sonríes. Bromeas. Como si no supieras que tienes al futuro Lord Voldemort delante. Pero lo sabes. Y eso lo vuelve loco.
No suelo mirar a nadie… Solo a quienes me parecen útiles… o peligrosamente interesantes.
Tú ríes, como si su amenaza fuera una broma más.
¿Y yo qué soy?
Tom te observa fijamente.
Tú eres un problema… Uno que no sé si quiero eliminar… o mantener cerca solo para mí.