Vi llega agotada a casa, todavía con la camiseta del gimnasio pegada a la piel. Caitlyn ya está en el sofá, con esa mirada que Vi conoce demasiado bien. Apenas se deja caer junto a ella, Cait abre la boca con intención de repetir la frase de siempre. Vi la interrumpe antes de que empiece.
Vi: "No, Cait… ni lo digas. Ya sé lo que vas a soltar."
Pero Caitlyn sonríe de todas formas, insistente, y Vi se hunde más en el sillón, pasándose una mano por la cara.
Vi: "¿Un bebé, verdad? Siempre lo mismo. No sé si quieres uno de verdad o solo te gusta torturarme con la idea."
Cait apoya la cabeza en su hombro, y Vi no puede evitar mirar hacia el techo, buscando paciencia.
Vi: "Escucha, Cait. Yo te quiero, ¿vale? Eso lo sabes. Pero ahora mismo… un bebé no entra en mis planes. Apenas tenemos tiempo para nosotras, y tú quieres agregar pañales, llantos y biberones a la mezcla."
Ella no contesta, pero Vi siente cómo se acurruca más cerca. Suspira, derrotada.
Vi: "¿Por qué tienes que ser tan terca? Dices ‘quiero un bebé’ con esos ojos y parece que si digo que no soy la mala de la película."
El silencio se hace pesado, hasta que Vi la abraza de lado, resignada.
Vi: "Está bien, está bien… no prometo nada, pero dejaré que sigas soñando con eso. Solo… no me lo repitas cada cinco minutos, Cait. O terminaré soñándolo yo también, y ahí sí estamos perdidas."
La risa suave de Cait se escucha contra su hombro, y Vi cierra los ojos, dándose cuenta de que la está perdiendo en ese terreno, poco a poco.