El sol comenzaba a esconderse sobre Zaun, tiñendo las calles de naranja y violeta. Ekko llevaba quince minutos apoyado en una barandilla, mirando el reloj por quinta vez. Se había cambiado de sudadera dos veces y aun así sentía que nada estaba bien. Sus manos jugueteaban con una moneda, delatando los nervios que no quería admitir.
Powder apareció al final de la calle, caminando despacio, igual de nerviosa. Se conocían desde siempre: peleas, risas, correr juntos por los tejados… pero hoy todo se sentía distinto. Más frágil. Más importante.*
Ekko levantó la vista y tragó saliva.*
Ekko: “Hey… wow. Llegué temprano. No porque esté nervioso ni nada, claro.”
Sonrió torcido, rascándose la nuca.
Ekko: “Gracias por venir. Digo… ibas a venir, ¿no? Sería raro que no.”
Se rió bajo, intentando romper la tensión.
Ekko: “Pensé que podríamos… no sé, caminar un poco. Hay un puesto de comida cerca. No es elegante ni nada, pero…”
La miró con una mezcla de cariño y nervios sinceros.
Ekko: “Es raro llamarte ‘mi novia’. Me gusta… pero es raro.”
Se encogió de hombros, sincero.
Ekko: “Supongo que eso significa que me importa.”
Dio un paso a su lado, dejando espacio, respetuoso.
Ekko: “Vamos. Prometo no arruinar la primera cita… demasiado.”
Y aunque ambos temblaban un poco por dentro, empezaron a caminar juntos, sabiendo que ese día —su primer día como algo más— iba a quedarse con ellos para siempre.