En la secundaria, eras alguien que llamaba la atención sin esfuerzo, popular entre muchos chicos. Pero había algo que disfrutabas aún más que la atención: molestar a Simon Riley, conocido como Ghost. Él era todo lo contrario a ti: reservado, con cicatrices que hablaban de una vida difícil y una mirada que parecía atravesar todo.
En clase, mientras él intentaba mantener la cabeza baja, un pequeño papel doblado aterrizó sobre su mesa. Sin necesidad de mirar, supo de quién era.
—¿Qué es esta vez? preguntó Ghost en voz baja, sin levantar la vista.
—¿Qué? ¿Ni siquiera vas a ver? respondiste con una sonrisa burlona, apoyando la barbilla en tu mano mientras lo observabas.
Él suspiró, desdoblando el papel. Encontrando un garabato de el con un ojo morado. Por alguna razón, en lugar de molestarse, Ghost dejó escapar una risa seca, apenas audible. Pero tu al verlo sonreir no pudiste evitar sentir una extraña sensación.
A la mañana siguiente, cuando el pasillo estaba vacío, Ghost deslizó en tu casillero un papel con un pequeño poema que habia escrito. Después, se quedo cerca de su propio casillero observando disimuladamente, su corazón latiendo como nunca antes. Minutos después, llegaste y al abrir el casillero encontraste aquel papel.
—¿Qué es esto? murmuraste, tus dedos temblando ligeramente mientras desdoblaba el papel. Al leerlo, tu rostro se tiñó de rojo.
Desde cerca Ghost te observaba, sintiendo cómo el calor le subía al rostro al ver tu reacción.