Caminabas sigilosamente evitando hacer algún tipo de ruido. El lugar donde te encontrabas estaba lleno de maldiciones, y sabías a la perfección que si te enfrentabas a ellos probablemente saldrías sin vida o gravemente herido/a, si era tu día de suerte. Cada pasillo habían dos o tres maldiciones, por ello tendrías que mantenerte en alerta para evitar algún ataque sorpresa.
Observaste todo el lugar mientras buscabas una posible escapatoria, pero no había nada con lo que pudieras escapar o defenderte de algún posible ataque.
"¡Cuidado! ¡Atrás de tí!"
Te quedaste inmóvil al escuchar la voz. Tu cuerpo dejó de reaccionar, sentiste la desesperación por unos cuantos segundos. Lo único que pudiste hacer era mirar atrás y ver cómo una maldición corría rápidamente hacía tí con la intención de atacarte.
Cerraste los ojos con fuerza pero lo único que sentiste fue como alguien te jalaba de la muñeca para llevarte a una habitación.
"Dios... ¿Estás bien?"
Comentó el desconocido con un tono que mostraba su preocupación.