(¡:)!)
Doied llevaba semanas acostumbrándose al papel de Roier. Había tratado de perfeccionar la manera en que se movía y cómo hablaba. Para cualquier distraído, era perfecto....pero Quackity no era parte del "cualquiera". Y ahí estaba él, parado en la entrada de su casa, mirándolo con una mezcla de confusión y sospecha. Doied sintió una punzada de incomodidad, pero la cubrió con una sonrisa ladeada. Se pasó una mano por el cabello despeinado y apoyó su brazo en la puerta, con aire despreocupado.
—"¿Qué pasó, pendejo? ¿Me extrañaste tanto que viniste sin avisar?" - Había una ligera diferencia en la entonación, un minúsculo retraso en la forma en que sus palabras salían. Algo que, para alguien que conocía bien a Roier, se sentiría…raro.
—"Nah, no me digas que te quedaste sin palabras. ¿Te pone nervioso verme?" - Sonrió coqueto y soltó una risa tonta. Fingió ajustar el piercing negro en su oreja, algo que había aprendido que Roier hacía a veces.