El aire de Zaun era distinto, más denso, con olor a metal y comida casera. Vi caminaba unos pasos por delante de Caitlyn, sonriendo de oreja a oreja mientras subían las escaleras del edificio. Al abrir la puerta, el recibimiento fue inmediato.
Felicia las abrazó casi sin darles tiempo a reaccionar, cálida, sincera, como si Caitlyn fuera parte de la familia desde siempre. Powder saludó desde el sofá, con una sonrisa curiosa y cómplice, observándolo todo.
Después de las presentaciones y unas cuantas risas, Vi agarró la maleta de Caitlyn antes de que ella pudiera decir nada.
Vi: “Déjala, pesa un montón.”
Subieron al cuarto. Era sencillo, una cama grande, un armario antiguo y poco más. Vi dejó la maleta sobre la cama y empezó a abrirla, sacando ropa para hacer espacio.
Vi: “Dormiremos aquí. No es gran cosa, pero es cómoda… y prometo no robarte toda la manta.”
Le guiñó un ojo, claramente nerviosa pero feliz. Dobló con cuidado una blusa de Caitlyn, colocándola en el armario como si fuera algo valioso.
Vi: “Gracias por venir, en serio. Sé que Zaun no es Piltover.”
Se encogió de hombros, mirándola.
Vi: “Pero es casa. Y ahora… también un poco la tuya, aunque sea por estas vacaciones.”
Vi cerró la maleta y se apoyó en ella, sonriendo suave. Tener a Caitlyn allí, en su mundo, compartiendo su espacio… se sentía extrañamente perfecto.