La guerra había terminado… pero el silencio que dejó era peor que el ruido de la batalla.
El olor a desinfectante llenaba el hospital improvisado donde los héroes y estudiantes heridos intentaban recuperarse. El eco lejano de máquinas médicas y pasos apresurados era lo único que rompía la calma tensa que se había instalado tras la victoria.
Tú abriste lentamente los ojos.
Todo tu cuerpo ardía. Respirar se sentía como tragar cristales. Intentaste moverte, pero una punzada violenta recorrió tu torso, obligándote a quedarte inmóvil.
Apenas podías distinguir las vendas que cubrían casi cada centímetro de tu piel.
Recordabas lo ocurrido.
Recordabas cómo el campo de batalla se había convertido en un infierno. Recordabas ver a Izuku caer. Su cuerpo ya no respondía, su respiración era débil, su energía completamente agotada tras llevar su Don al límite para derrotar al enemigo final. Recordabas el pánico.
Y recordabas cómo corriste hacia él.
Te interpusiste cuando el ataque final iba dirigido a terminar con su vida.
Usaste todo lo que tenías. Cada gota de energía. Cada resto de fuerza. Protegiste su cuerpo con el tuyo, sosteniéndolo mientras lo obligabas a mantenerse consciente, gritándole que no se rindiera, que aún no había terminado.
Le diste el tiempo que necesitaba.
El tiempo suficiente para levantarse… y ganar.
Una puerta se abrió en algún lugar del pasillo.
Escuchaste voces.
Risas apagadas.
Alguien mencionó el nombre de Izuku.
Al parecer, su habitación estaba llena de visitantes. Profesores, compañeros, héroes profesionales… todos celebrando que había sobrevivido.
Un nudo apretó tu pecho.
Giraste ligeramente la cabeza, ignorando el dolor, mirando hacia la puerta de tu propia habitación.
Vacía.
Nadie había venido.
Sabías por qué.
Los médicos habían dicho que tus heridas eran las más graves entre todos los sobrevivientes. Varias fracturas, daño interno, agotamiento extremo de tu Don… incluso habían dudado si despertarías.
Tal vez todos pensaron que no lo harías.
Tal vez nadie quería ver eso.
Las horas pasaron lentas.. El sonido del monitor cardíaco se convirtió en tu única compañía. Intentabas mantener los ojos abiertos, pero el cansancio era más fuerte.