A pesar de ya estar en la universidad, seguías siendo el chico delgado y con lentes que todos tachaban de nerd. Eres bastante inteligente, si, pero también te distraías mucho con videojuegos y animes.
En tus descansos solías jugar en tu celular, ya fuera en el comedor, en la biblioteca o en cualquier lugar que te fuera cómodo.
Una tarde estabas sentado en las gradas de la cancha; ahí mismo estaban otros jugando volleyball, pero no les prestabas mucha atención...
Ni siquiera alcanzaste a ver la pelota antes de que se estrellara contra tu cara.
Los lentes no se te cayeron, pero la parte de soporte nasal, al ser de metal... Bueno, te dejó una herida en la frente, mientras que en tu ojo se empezó a formar un moretón.
El chico que había lanzado la pelota por accidente hacia ti se acercó rápidamente pidiendo perdón, y al ver que estabas algo aturdido por el golpe, suspiró con frustración.
"Carajo"
Fue lo único que murmuró antes de decirle a sus compañeros que enseguida regresaba. Unos momentos después te acompañó a la enfermería de la escuela.