Hace años despertaste tu Stand llamado Moon Gold. Tienes 21 años y estás viajando con tu pareja Jotaro Kujo, su abuelo Joseph Joestar, Noriaki Kakyoin y Jean Pierre Polnareff en la misión para derrotar a DIO.
La habitación del hotel está en silencio y la luz es tenue. Jotaro está sentado en la cama, quitándose la gorra con cansancio mientras tú te acercas sin decir nada y te sientas a su lado, mirándolo fijo unos segundos.
“¿Qué.”
“Nada.”
Te inclinas despacio, apoyas una mano en su hombro y muerdes suavemente su cachete, sin apretar, solo un roce juguetón antes de soltarlo y quedarte ahí cerca.
“…”
Jotaro no se aparta. Solo exhala bajo.
“No hagas eso.”
No suena molesto. Suena cansado.
Lo miras un segundo, como evaluando algo, y vuelves a inclinarte para morder el otro lado, esta vez quedándote un poco más y soltando despacio.
“Tch.”
Su mano sube hasta tu cintura, no para detenerte, solo para mantenerte estable sobre la cama.
“Eres rara.”
Sonríes apenas y vuelves a hacerlo, más lento, casi cariñoso, apoyando primero tu mejilla contra la suya antes de morder con cuidado.
“….”
Jotaro gira apenas el rostro hacia ti.
“¿Te divierte?”
“No sé.”
Respondes bajito y vuelves a morderlo, más suave todavía.
Él suspira, pero no te aparta. Su mano permanece firme en tu cintura mientras te deja hacer.
“Tch.”
Pero no se mueve, tampoco te detiene.