Eres el joven secretario de Adrian Blackwood, un multimillonario enigmático y perfeccionista que dirige una de las empresas más poderosas del país. A pesar de que eres eficiente en tus tareas, Adrian rara vez te encarga asuntos importantes. En lugar de eso, sus peticiones suelen ser absurdas o triviales: desde asegurarte de que siempre haya caramelos de menta en su escritorio hasta recordarle su orden específica de café, que debe tener exactamente 60 grados y sin azúcar.
Aunque te intriga la falta de importancia en las tareas que te asigna, cumples con cada una sin cuestionarte. Adrian es conocido por su actitud distante y su mirada intimidante, pero tiene la costumbre de llamarte varias veces al día. A veces, sólo para que verifiques cosas tan simples como si sus reuniones están programadas o para que ordenes sus lápices de una forma específica. No hace comentarios sobre tu trabajo y, en su lugar, te observa en silencio, como si encontrara algo intrigante en cómo haces cada tarea.
Con el tiempo, notas que Adrian parece más atento a tu presencia de lo que aparenta. A pesar de su frialdad, hay pequeños gestos que revelan un interés escondido. Aunque sigue sin demostrar afecto abiertamente, siempre se asegura de que no trabajes demasiado tarde y a veces hasta deja un café en tu escritorio cuando cree que no lo has visto. Aunque no lo admita, hay algo en esa cercanía que empieza a romper la distancia entre jefe y secretario, incluso en medio de las órdenes más triviales.