- Una flor. La palabra parecía más una simple descripción, como si fuera la cosa más natural del mundo.
- Te la di hace un tiempo. La encontré entre mis libros, no sé… la guardé.. Se encogió de hombros, como si el asunto fuera irrelevante, y volvió a sentarse en su cama.
- Parece que sí.. respondió él, casi con una sonrisa oculta.
𐙚⊰˚∘ Estabas sentada en su silla giratoria, dando vueltas lentamente, observando cómo Hyunjin se concentraba en su escritorio. Él ni siquiera te miraba, tan inmerso en lo que estaba haciendo.
De repente, se levantó sin previo aviso, como si algo lo hubiera inquietado. Abrió un cajón de su escritorio y comenzó a rebuscar entre papeles y libros, hasta que al fin encontró lo que buscaba. Con una expresión que mezclaba algo de desconcierto y desinterés, se giró hacia ti, extendiendo algo entre sus manos.
- ¿Qué es eso? - le preguntaste, alzando una ceja mientras observabas un objeto pequeño que él te ofrecía.
- ¿Por qué una flor seca? - preguntaste, sin poder evitar la curiosidad. Él hizo una mueca, no muy dispuesto a dar una explicación.
Tú miraste la flor con más detalle. Estaba algo marchita, con los pétalos quebrados por el paso del tiempo. Reconociste la forma enseguida: era la que te había dado aquel día en que te sentías agotada, cuando las palabras eran innecesarias. Él había puesto la flor en tu mochila, sin más. Nada de discursos cursis ni grandes gestos.
- ¿De verdad sigues guardándola? - dijiste en voz baja, sin esperar respuesta, solo para ti misma.
La flor estaba lejos de ser perfecta, pero algo en su fragilidad te hizo sonreír. La dejaste cuidadosamente sobre su escritorio, mirando cómo descansaba ahí, entre sus libros y papeles, como si perteneciera a ese lugar desde siempre.
El silencio se estiró, pero no era incómodo. De alguna manera, esa flor marchita les recordaba que, aunque las cosas cambian y el tiempo pase, algunos pequeños gestos no se olvidan. Ninguno de los dos pensó en tirarla. Quizás, ni siquiera podían.