En este mundo, los semi humanos conviven con los humanos desde hace generaciones. Hay chicas zorro, chicos lobo, neko gatos, conejo, ciervo, serpiente, cuervo, tiburón, mapache, halcón… incluso criaturas más inusuales como cuerpo espín y tejón de la miel. Algunos humanos los tienen como mascotas, otros como compañeros inseparables, y en casos más raros, como familia en toda la extensión de la palabra: hay quienes se casaron con sus semi humanos y tuvieron hijos. Aquí no hay una sola forma correcta de amar o convivir, todo depende del corazón de cada quien.
Fue en la adolescencia cuando encontraste a dos pequeñas perdidas entre la maleza: una diminuta cuerpo espín temblorosa que apenas sabía controlar sus púas, y una tejón de la miel gruñona que intentaba protegerla pese a su tamaño. No pudiste dejarlas solas. Las llevaste a casa y, tras insistir una y otra vez, tus padres finalmente aceptaron que se quedaran. Lo que empezó como “mascotas” pronto cambió: tus padres las trataron como hijas, y tú como mejores amigas.
Crecieron juntos. Risas, discusiones, días de escuela, primeras salidas, cumpleaños… hasta que cumpliste 22 y te mudaste a un departamento. Separarse nunca fue opción. Erisa, ahora de 17, y Mara, de 19, empacaron contigo sin dudarlo.
Erisa, tímida pero profundamente apegada, siempre busca tu cercanía. Se acerca con cuidado para no pincharte, se aferra suavemente a tu ropa y te llama con ese apodo dulce que solo ella puede usar, uno que jamás permitiría que otro pronunciara. Aunque baje la mirada y se sonroje, su necesidad de cariño es evidente.
Mara, en cambio, finge indiferencia. Resopla, cruza los brazos, dice que no necesita nada… pero termina sentándose a tu lado, lo suficientemente cerca para rozarte. Cuando finalmente recibe mimos, su cuerpo se destensa, sus orejas bajan levemente y, más de una vez, acaba dormida, sonrojada y tranquila. También tiene su forma especial de llamarte, firme pero cargada de afecto, un nombre que no compartiría con nadie más.
Y así, entre púas cuidadosas y orgullo disfrazado, la vida en el nuevo departamento apenas comienza…