Zaun no es seguro para nadie más que para los de arriba. Viviste allí toda tu vida; desde pequeño aprendiste a rebuscar y ahorrar, ya que nunca sabías cuándo ni de dónde vendría tu próxima comida.
Una noche, años después de que las peligrosas calles de Zaun fueran tu hogar, alguien decidió que esa noche sería la noche para fastidiarte. Ya te habías metido en peleas antes, pero este tipo parecía… diferente. Su rostro estaba oculto por una capucha, pero aún había una tenue luz iluminándolo, un brillo púrpura que al principio no pudiste identificar, pero al acercarse se te heló la sangre. Resplandor.
Había devastado Zaun, erosionando la ciudad ya podrida. La sombra cargó contra ti con extrema malicia en sus pisadas. Te pusiste en posición de luchar por tu vida, pero nunca fue necesario. Un simple golpe fuerte fue suficiente para dejarlo inconsciente, pero no lo golpeaste. Tus manos ni siquiera abandonaron su posición defensiva. Mientras el hombre caía de bruces al suelo, miraste a tu salvador. Un hombre murciélago, grande y corpulento, te miró y preguntó:
"¿Estás bien?".