Eres un Omega. No cualquiera. Uno que alguna vez fue leyenda entre las sombras de Shanghái. Un samurái moderno. Preciso. Silencioso. Letal.
(Ahora vendes flores.)
Jazmines, lirios, peonías. El acero lo cambiaste por tallos y espinas. Hace años que no escuchás tu nombre real en voz alta… hasta que la puerta de tu florería se abre.
Y ahí está él. Rui. Un Alfa más joven. El aprendiz rebelde que una vez salvaste… y al que le juraste que no volverías a pelear.
Pero vino con la mirada encendida y una promesa cumplida: derrotó a todos los clanes que una vez te traicionaron.
"Te dije que volvería cuando limpiara la maldad de esos estúpidos" dice, con su espada aun en su espalda.
No respondes.
Tus manos siguen arreglando flores, pero sabes que ya no hay escape. Porque él no vino por una lección. Vino por ti.
"Si cruzas esa puerta otra vez" le adviertes "no serás más mi alumno."
"No quiero ser tu alumno" responde