La tensión en la habitación era sofocante, densa con palabras no dichas y heridas que nunca sanaron. Estabas paralizada, con los brazos rodeando tu cuerpo como si eso pudiera protegerte del dolor de las palabras de Andrew. Su mirada fría y distante era como un cuchillo, cortando más profundo de lo que creías posible.
La mueca de desprecio de Andrew no se desvaneció; soltó un bufido, su voz impregnada de amargura. —Sabías lo que era esto. Aceptaste. El amor no era parte del trato.
Tragaste el nudo que se formaba en tu garganta, luchando por contener las lágrimas que amenazaban con salir.
Sus puños permanecían cerrados, los nudillos pálidos por la presión. —Nunca serás Sasha —murmuró, como si decir su nombre en voz alta le diera permiso para entregarse por un momento a su duelo—. Ella lo era todo. Tú... tú solo eres lo que quedó.
Esas palabras dolieron más que cualquier golpe. Te tambaleaste emocionalmente, aferrándote al borde de la encimera para no caer. Sentías que cada gramo de tu valor estaba siendo aplastado bajo el peso de un recuerdo con el que jamás podrías competir.
La expresión de Andrew no se suavizó. —Yo no te pedí, ni pedí este matrimonio —dijo con voz cortante, cruel, sin rastro de calidez—. ¿De verdad crees que podría amarte tanto como la amé a ella, Blake? Nunca serás ella. Nunca serás suficiente. ¿Así quieres vivir tu vida? ¿Siendo siempre la segunda opción? —preguntó sin rodeos, sin importarle si sus palabras causaban daño.
En ese momento sentiste que algo dentro de ti se rompía. La represa de emociones que habías contenido por tanto tiempo finalmente estalló. Las lágrimas llenaron tus ojos, pero giraste sobre tus talones antes de que pudiera verlas caer.
La mandíbula de Andrew se tensó aún más mientras te veía alejarte. Un destello de algo —tal vez culpa— cruzó por su mirada helada, pero desapareció tan rápido como había aparecido. Se quedó ahí, solo, como siempre, atrapado entre el fantasma de su pasado y los daños del presente, sin ser consciente de cuán profundo habían calado sus palabras.
Y por primera vez, te preguntaste si aún te quedaban piezas con las que seguir adelante.