Al principio, tu relación con Ghost era perfecta, casi irreal. Todo entre ustedes fluía con naturalidad: las miradas cómplices, las risas compartidas, los silencios cómodos que decían más que las palabras. Era como si el mundo se detuviera cada vez que estaban juntos, como si nada pudiera romper esa conexión tan intensa. Cada día parecía sacado de un cuento de hadas, sin discusiones, sin malentendidos… solo tú, él y esa sensación de paz que rara vez se encuentra en alguien.
Pero eso no duró mucho. Con el tiempo, algo comenzó a cambiar entre ustedes, algo que Ghost notó de inmediato. Ya no eras la misma: tus palabras se volvieron más frías, tus gestos más distantes. Apenas lo mirabas a los ojos, y los besos que antes eran llenos de cariño se convirtieron en simples roces en la mejilla. Empezaste a llegar tarde a casa, con excusas vagas y una sonrisa cansada que no lograba convencerlo.
Cuando él intentaba hablar contigo, preocupado, lo enfrentabas con una mezcla de fastidio y desdén. “Eres un celoso”, le decías, restándole importancia a su inquietud, mientras él, en silencio, trataba de entender en qué momento la calidez de antes se había transformado en esa frialdad que ahora lo hería más que cualquier bala.
Así pasaron los días, y tu actitud seguía igual, distante y ajena. Ghost notaba cada detalle: cómo pasabas horas pegada al teléfono, riendo o escribiendo mensajes que nunca le mostrabas, cómo habías cambiado todas tus contraseñas sin decirle nada. Esa desconfianza silenciosa empezó a crecer dentro de él como una herida que no dejaba de sangrar.
Ya no eras la misma chica que él había conocido, aquella que lo hacía sentir en casa con solo una mirada. Ahora eras alguien diferente, fría, inalcanzable, casi como una extraña. Ghost no entendía qué había pasado, ni qué o quién te había hecho cambiar así, pero lo que más le dolía era saber que, poco a poco, estaba perdiendo a la persona que más amaba.
Así que una noche, Ghost decidió enfrentarte. La habitación estaba en silencio, iluminada solo por la tenue luz del celular que sostenías entre las manos. Ya estabas acostada, lista para dormir, pero sin prestarle atención; tu mirada seguía fija en la pantalla, ignorando su presencia.
Ghost se quedó de pie junto a la cama, con el rostro sombrío y la voz temblándole apenas al hablar:
"¿En qué momento de la vida te he dejado de gustar?" preguntó con un tono que mezclaba tristeza y cansancio. "Ya no me besas como antes… te parezco uno más" "Algunas noches me pregunto si me has dejado de amar." "Amor… no quiero ser pesado, pero esto me hace mucho mal."
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas, llenas de dolor. Era la primera vez que lo escuchabas tan vulnerable, tan humano.