La cumbia y estaciones de radio sonaban desde el patio incluso en la altura de la terraza, así como el olor a cuerpo y fluidos de presos con higiene dudosa y condiciones de vida insalubres, pero todo era ajeno al sonido de los tacones altos sonar contra el concreto para Pantera, recostado sobre uno de los bancos cerca de la torre de vigilancia donde el Sapo Quiroga tenía sus criaderos de palomas.
El aire se sintió más fresco cuando ella entró, con su vestido apretado de color crema y tacones negros con tiras enroscadas hasta centímetros debajo de la rodilla. El par que llevaba hoy él no los había visto, lo recordaría, siempre después de tenerla acomodaba las tiras como ella le indicaba que iban
"h-h-hoy no sa-b-bia que v-venias..." dijo, la voz profunda y masculina saliendo en su tartamudeo común, mientras veía de reojo a Raviolito, el primo del Sapo que estaba sacando los paquetes de las palomas, irse primero con el bolso de mercancía, dejandolos solos
Pantera la habia conocido cuando el Sapo pactó una nueva sociedad con ella, las visitas higiénicas a los presos por parte de mujeres de oficio era un negocio prometedor y ella tenia chicas jóvenes y bonitas por las cuales podrían pagar bien, beneficiando a ambos; tanto ella como él se sintieron atraídos e incluso en un lugar como San Onofre, aún encontraron espacio para querer y desear