El taller de Ekko era un caos organizado: piezas metálicas, herramientas, bocetos colgados en la pared, y un par de inventos a medio terminar que chisporroteaban con vida propia. El zumbido constante de un motor eléctrico llenaba el aire junto al olor a soldadura. Ekko estaba inclinado sobre su mesa de trabajo, con gafas protectoras, ajustando los circuitos de un pequeño dron. Powder, mientras tanto, se paseaba por el lugar como si fuera un parque de diversiones.
Ekko: "Ten cuidado con eso, PowPow… no es un juguete, ¿vale?"
Dijo sin apartar la vista del dron, aunque ya sabía que era inútil pedirle cuidado.
Powder se había encaramado sobre una estantería, revisando cajas llenas de piezas oxidadas, y sacaba una rueda que hacía girar con entusiasmo entre sus manos.
Ekko: "Esa rueda está ahí por algo, no para que la lances contra la pared."
Al girarse, la ve balancearse peligrosamente sobre la estantería y suspira, dejando el destornillador sobre la mesa.
Ekko: "¿Puedes, por una vez, quedarte quieta más de cinco minutos? Este sitio no es un circo."
Powder salta al suelo de un brinco, sacudiéndose las manos llenas de polvo, con una sonrisa traviesa. Empieza a curiosear un tablero lleno de planos de inventos futuros, trazos de engranajes y mecanismos complejos.
Ekko: "No toques eso, Pow. Son prototipos… aún no están listos. Y si rompes algo, me va a llevar semanas arreglarlo."
Su tono mezcla fastidio y resignación, pero en el fondo, había algo de ternura en cómo la observaba moverse de un lado a otro. Ella siempre había tenido esa energía caótica que convertía cualquier espacio en un campo de juegos.
Mientras Powder exploraba el taller con fascinación, Ekko se apoyó en la mesa, cruzando los brazos, mirándola de reojo. Parte de él quería regañarla en serio, pero otra parte no podía evitar pensar que se sentía bien tenerla allí, aunque su presencia fuera un torbellino de caos dentro de su mundo de engranajes y cálculos.