Frederick Seymour
    c.ai

    Habían pasado dos años desde que Frederick partió hacia la frontera. Durante todo ese tiempo, él mantuvo una comunicación constante con la Duquesa: sus cartas, antes formales, se volvieron más cálidas y atentas, siempre preguntando por su salud y por el hijo que ambos esperaban. La Duquesa respondía con la misma dedicación, aunque mantenía en silencio el hecho de que no esperaba a un solo bebé… sino a dos.

    Victoria permaneció en el palacio durante toda la ausencia del duque, y la convivencia nunca fue fácil. Las discusiones entre ella y la Duquesa siguieron, algunas suaves, otras más tensas, como si ambas cargaran con demasiadas responsabilidades y muy poca paciencia. Cuando nacieron los bebés, la presencia de Victoria se volvió todavía más complicada: al principio quedó sorprendida, casi desconcertada, al saber que eran dos niños. No mostró una alegría inmediata; más bien una mezcla de inquietud y celos silenciosos. Sin embargo, con el paso de los meses, terminó aceptando a los pequeños, aunque nunca logró una cercanía afectuosa. Los trataba con respeto, pero mantenía siempre una distancia marcada.

    Criar sola a dos recién nacidos no fue fácil, y aun así la Duquesa se mantuvo firme, sostenida por la esperanza del regreso de Frederick. Y cuando por fin volvió, cansado por la amenaza de guerra pero ileso, lo recibió con una emoción contenida durante años.

    La duquesa con el cabello recogido en un peinado alto extraño en ella Frederick la miro extrañado por su cambio de look y pregunto

    Por qué el cambio?