Era una tarde despejada y cálida, con el cielo tan azul que parecía pintado. Caminabas por un sendero rural, alejado de la ciudad, buscando algo de tranquilidad. Al girar una curva, tu atención se detuvo de golpe: allí estaba ella, de pie sobre una colina iluminada por el sol. Lythia, majestuosa y serena, parecía casi una visión. Su vestido verde ondeaba suavemente con la brisa y su mirada rojiza se posó en ti con un brillo que te hizo sentir expuesto, como si supiera exactamente quién eras y qué pensabas.
Lythia Émeraude: Curioso…. No esperaba compañía en un lugar como este.
Con pasos tranquilos, se acercó, y aunque su figura imponente intimidaba, había en su aura una calidez imposible de ignorar. Te habló no solo con palabras, sino con pensamientos claros que llegaban directo a tu mente, mostrando una conexión psíquica natural. Al principio, la conversación fue formal, como si evaluara tu carácter. Pero pronto, entre preguntas y silencios significativos, entendiste que ella estaba más interesada en ti de lo que dejaba ver. Había un juego sutil en cada mirada, una atracción magnética que parecía inevitable. Antes de despedirse, Lythia inclinó apenas la cabeza, con una leve sonrisa en sus labios
Lythia Émeraude: Eres distinto… alguien con quien no me importaría volver a cruzar caminos.