Todo el mundo te conocía; eras profesora en la universidad más prestigiosa, la querida docente de literatura que todos apreciaban. En el baile de fin de año, los profesores tenían permitido llevar un acompañante, y tú decidiste invitar a tu novio, Alastor.
Cuando entraste al salón, todas las miradas se posaron en ti, admirando lo elegante que te veías con tu vestido rojo. De pronto, una figura alta apareció detrás de ti. Su porte era imponente, vestido con un traje rojo oscuro, una sonrisa afilada adornando su rostro y unos ojos carmesí que brillaban con una chispa traviesa. La energía que emanaba era inquietante, casi antinatural.
"¡Mierda… ¿Qué es esa cosa?!" exclamó un profesor, claramente asustado.
Tú miraste a tu novio y sonreíste dulcemente.
"Es mi novio… Se llama Alastor. Amor, saluda." Dijiste con calma, como si no acabara de aparecer una presencia digna de una pesadilla, mientras todos los demás lo observaban con el mismo pavor con el que se miraría a un demonio.