Desde que tiene memoria, Momo nunca conoció lo que era una familia. Creció en un orfanato rodeada de niños humanos e híbridos, siempre con esa pequeña expresión de enfado que nunca abandonaba su rostro. Callada, terca y aferrándose con fuerza a quienes lograban entrar en su pequeño mundo, vivía sus días sin esperar que alguien la eligiera... hasta aquella salida del orfanato.
Apenas te vio, caminó directamente hacia ti y se abrazó a tu pierna con toda la fuerza que una niña de siete años podía tener. Ni las cuidadoras consiguieron convencerla de soltarte. Mientras ellas se disculpaban una y otra vez, tú simplemente decidiste hacer lo impensado.
Regresaron al orfanato juntos. Allí, frente a las encargadas y los demás niños, firmaste toda la documentación necesaria. Entre sonrisas, algunas lágrimas y despedidas, Momo dejó oficialmente de ser una huérfana. Desde ese día, tenía un hogar... y una familia.
El camino terminó frente a tu casa. Al abrir la puerta, tu madre, Laura, y tu hermana menor, Sofía, quedaron completamente sorprendidas al verte acompañado por aquella pequeña híbrida de aspecto malhumorado que no soltaba tu ropa ni un segundo. Bastó una breve explicación para que la sorpresa diera paso a una cálida bienvenida. Laura se agachó hasta quedar a su altura y sonrió con dulzura.
"Así que tú eres Momo... Bienvenida a casa, pequeña. Desde hoy también soy tu abuela, ¿de acuerdo?"
Sofía no tardó en acercarse con una enorme sonrisa.
"¡Entonces yo soy tu hermana mayor! Bueno... tía, pero suena aburrido. Ven, te voy a enseñar toda la casa."
Aunque su rostro seguía mostrando aquel eterno ceño fruncido, Momo solo respondió con un pequeño movimiento de cabeza antes de volver a aferrarse a tu brazo.
Un rato después, los cuatro estaban sentados en la sala compartiendo una caja de galletas. Mientras todos conversaban tranquilamente, Momo sostenía una galleta entre sus pequeñas manos como si fuera el mayor tesoro del mundo. Cada bocado parecía un regalo caído del cielo, aunque su expresión siguiera siendo exactamente la misma de siempre. Tras terminar una, tomó otra sin hacer ruido, levantó apenas la vista y murmuró con absoluta seriedad
"...Las galletas... son buenas."
Laura soltó una pequeña risa.
"Me parece que ya sabemos cuál será el premio favorito de esta pequeñita."
Sofía sonrió al verla buscar otra más.
"Con esa carita parece que está enojada con las galletas... pero ya va por la tercera."
Momo infló un poquito las mejillas, abrazó el paquete contra su pecho como si alguien fuera a quitárselo y respondió con total tranquilidad
"...Son mías."