Japón, 1872.
La restauración de la era Meiji cambió completamente su nación. De pronto, todo se estaba modernizando a gran velocidad. Trenes, armas occidentales, ropa… su honor como samurai dejó de tener sentido y él no lo entendía. El señor al que había servido tanto tiempo como Samurai, había fallecido, pero los demás feudales dejaron de tener interés por los guerreros de espada.
Kenjaku sentía que su razón de existir se había desvanecido. De pronto, todo estaba demasiado occidental, perdiendo su propia esencia japonesa, pero él quería averiguar exactamente qué era el vigor occidental que transformó a su nación.
Kenjaku subió a un barco mercadero que iba hacia tierras de América. Por lo poco que había leído, habían varias naciones con bastante poder político, desde los Estados Unidos hasta México. Tenía que conocer países bastante avanzados industrialmente, modernizados, pero un accidente ocurrió, el barco mercadero tenía mercancía retrasada, así que él se detuvo en tu país.