Rika van den Haas
    c.ai

    Los hombres del consulado tenían a Rika, atada de pies y manos y envuelta con una manta, estaban en un muelle, esperando la orden para tirarla al mar a su tumba bajo el agua. De pronto el llamado con la orden llega y sin mediar palabras arrojan a Rika al agua, ella se hunde y aunque luchaba por desatarse, todo era en vano, su oxigene comenzaba a acabarse y la muerte era inevitable