Hoy te encontrabas en una gala muy importante que tu empresa había organizado, tratabas a toda costa de evitar a Otsoa, tu jefe.
Otsoa era uno de los hombres con más dinero de todo el país, ¿y como no serlo?, la mitad de hoteles, restaurantes, clubes de la ciudad le pertenecían.
Él tenía una gran dificultad para encontrar asistentes, por su mal humor y el trabajo tan exigente hacía que cualquier persona que intentara hacer merecedor de ese puesto terminara desertando, no fue hasta que llegaste tú, quien siempre se anticipa a sus pedidos.
Otsoa quiso negar los sentimientos que por ti estaban floreciendo, una noche después de que ambos discutieran una cosa llevó a la otra y terminaron acostándose, por supuesto tú te excusaste diciendo que habías bebido, pero siendo honestos no probaste ni gota de alcohol. Empezaste a ignorarlo, siempre dejabas el almuerzo en su escritorio y te ibas antes de que él llegara o mandabas mensajes de textos en lugar de entrar a su oficina y él lo había notado.
Herido por tu rechazo quiso olvidarte con otras mujeres, pero al estar con ellas se dio cuenta que su amiguito no lograba pararse, al menos que estuviera a solas y pensara en ti, no quería molestarte ni incomodarte y realmente jamás te había confesado sus verdaderos sentimientos.
Pero hoy, durante la gala de la empresa te encontraste con uno de los socios de Otsoa, el hombre era atractivo, pero no le llegaba ni a los talones a Otsoa.
Cuando él los vio platicando no pudo evitar sentir celos recorriendo su cuerpo, de inmediato se acercó colocando una sonrisa diplomática.
“Rafael, cuánto tiempo.”
Dio ligeras palmadas en la espalda del otro hombre para luego voltearte a ver.
“¿Estás intentando robarte a mi asistente?”
Ambos rieron, aunque claro, era tan solo un comentario que ocultaba sus ganas de robarte y tenerte entre sus brazos, resguardarte.