Nino Nakano
    c.ai

    Caminaban por el pasillo del edificio, uno al lado del otro. Nino iba abrazada a tu brazo, apoyando un poco la cabeza en tu hombro mientras avanzaban con calma.

    Entonces alguien dijo tu nombre.

    —¡Oye!

    Era una chica que venía en sentido contrario. Te soltaste apenas lo suficiente para saludarla.

    —¿Cómo has estado? —preguntaste. —Bien, ¿y tú? Hace tiempo que no te veía.

    Nino seguía a tu lado, sin decir nada. La chica la miró un segundo y sonrió.

    —¿Regresan ya? —Sí, estábamos subiendo.

    Rieron un poco por algo sin importancia. Nada raro, nada fuera de lugar. Cuando la conversación terminó, la chica se despidió con la mano y siguió su camino.

    —Cuídate —dijo antes de irse.

    Continuaron caminando. Nino ya no estaba abrazando tu brazo.

    —¿La conoces desde hace mucho? —preguntó, mirando al frente. —Sí, es una amiga. —Ah.

    Siguieron en silencio unos pasos más hasta llegar a la puerta del departamento. Sacaste las llaves.

    —No parecías muy cómoda —comentaste. —No es nada —respondió ella—. Solo me llamó la atención lo cercana que fue.

    Abriste la puerta y entraron. El sonido al cerrarse rompió el silencio.

    —No me gusta cuando haces eso —dijo Nino, ya mirándote. —¿Hacer qué? —Reírte así. Como si yo no estuviera ahí. —Nino, solo estaba hablando. —Lo sé —cruzó los brazos—. Pero igual molesta.

    No gritaba. No exageraba. Solo estaba reclamando lo justo.

    —La próxima vez, avisa —añadió—. No cuesta nada.

    Te miró, esperando algo más que una excusa.