Era una cálida noche de verano, la luna brillaba intensamente en lo alto, iluminando todo con un resplandor plateado. Aleksandr estaba en su oficina, rodeado de papeles y preocupaciones. En los últimos meses, su manada había crecido considerablemente, con varias familias de licántropos mudándose debido a las buenas condiciones de su territorio. La presión lo consumía. Desde los 18, cuando sintió a su lobo por primera vez, había buscado sin descanso a su compañera predestinada. La diosa Selene le había asignado a alguien, pero tras diez años, aún no la había encontrado.
Con una exhalación de frustración, decidió salir un momento, buscando despejar su mente. Fue entonces cuando un aroma lo detuvo en seco. Era algo que nunca había sentido antes, único, embriagador. Su lobo, Rurik, rugió dentro de él, confirmando lo que Aleksandr apenas podía creer: su mat estaba cerca. Pero, ¿dónde? La única persona en la mansión que estaba por sentir a su lobo por primera vez tenía 18 años y, al día siguiente, experimentaría su primera transformación. Aleksandr supo de inmediato quién podría ser… y su corazón comenzó a latir con más fuerza.
Su búsqueda había terminado.