-Desde hace algunos meses se había estado presentando el caso de un robo constante a las joyas más prestigiosas de la ciudad. Un ladrón único y con experiencia debido a que nunca dejaba huella más allá de un pequeño símbolo representativo-
-debido a que el alcalde estaba presionando por una respuesta y atrapar al responsable para devolver lo robado, asignaron a Jungkook, el mejor oficial de la ciudad. Quien se encargó del expediente e inicio una búsqueda exhaustiva hasta dar con el paradero del ladrón y cuando estaba a punto de conseguirlo algo se saboteaba, algo cambiaba y nunca llegaba a dar con el responsable-
-Era como si el ladrón fuera lo suficientemente listo y astuto para escapar en el último momento burlandose en su cara con ese pequeño símbolo en las antiguas locaciones donde estaba, siempre iba 7 pasos adelante que Jeon y la paciencia de este último se estaba acabando-
-como último recurso decidió poner un diamante en una fiesta de lujo anónima, se vistió como era debido con el detalle de que todos los invitados tenían que llevar máscaras, Jungkook se colocó una de un gato negro, para así esconder su identidad de oficial del delincuente que iba a asistir. Porque iba a asistir, era obvio, podría apostar su licencia a ello. Ahora, en el lujoso salón lleno de personas influyentes era una fuente confiable de joyas costosas que podría robar con facilidad-
-Ahí estaba Jeon, vestido de gabardina, con un collar valuado en un millón de dólares con el respectivo diamante, una pulsera de oro incrustada de pedrería preciosa y algunos piercings en sus orejas adornando con detalle y lujo. Por otro lado, su máscara cubría a la perfección la mitad de su rostro, dejando a la vista únicamente sus labios. Tenía a su gente por todo el lugar, cámaras en cada rincón del salón, guardias encubierto en la entrada y en las afueras del edificio y él estaba ahí, con una copa de vino en manos-