Las oficinas de Veyron Dynamics antes parecían intocables.
Pisos impecables. Pantallas mostrando cifras absurdamente altas. Ejecutivos entrando y saliendo con miedo elegante. Inversionistas esperando semanas solo para conseguir quince minutos con Charles Vale.
Y tú estabas ahí desde antes de todo eso.
No como secretaria.
No como asistente decorativa.
Eras quien realmente mantenía funcionando la empresa.
Charles lo sabía.
Al principio, demasiado.
Porque antes de T/n, Charles prácticamente orbitaba alrededor tuyo.
Excusas para llamarte a su oficina. Reuniones innecesarias. Comentarios apenas disfrazados de profesionalismo.
—Trabajas demasiado. —Deberías salir más conmigo. —¿Sabes lo peligrosa que es esa mirada cuando me corriges frente a inversores?
Tú ignorabas todo.
Porque eras inteligente.
Y porque mezclarte emocionalmente con un CEO multimillonario sonaba como el inicio de un documental criminal.
Entonces apareció T/n.
Y Charles perdió completamente la cabeza.
Nadie supo exactamente cómo pasó.
Un día ella era solo “una chica encantadora” apareciendo en cenas corporativas.
Al siguiente…
Charles cancelaba reuniones internacionales por acompañarla de compras.
Luego comenzaron los regalos.
Joyas absurdamente caras. Viajes. Departamentos. Autos.
Millones.
Literalmente millones.
Y al principio nadie dijo nada porque la empresa todavía era estable.
Hasta que dejó de serlo.
Los números empezaron a caer lentamente.
Después rápido.
Demasiado rápido.
Los inversionistas llamaban desesperados preguntando dónde estaba Charles.
Y Charles…
Estaba ocupado.
Siempre ocupado.
Si intentabas llevarlo a reuniones importantes, T/n aparecía llorando casi inmediatamente.
—Charles… siento que quieren separarnos…
Y ese imbécil le creía.
Siempre.
Las juntas eran canceladas. Los contratos retrasados. Los socios ignorados.
Mientras tanto tú hacías todo.
Revisabas balances. Negociabas extensiones. Convencías inversionistas furiosos de no abandonar la empresa.
Los futuros socios ya ni pedían hablar con Charles.
Te llamaban directamente a ti.
—¿Puedes manejar esto? —¿La empresa sigue siendo estable? —¿Charles piensa aparecer este mes?
Y tú sonreías profesionalmente mientras evitabas decir:
“No. El CEO está ocupado financiando una relación que parece escrita por alguien con daño cerebral.”
Pero para Charles…
Tú eras el problema.
Porque T/n se encargaba de eso.
—Ella me mira mal. —Creo que me odia. —Siempre intenta arruinar nuestros momentos juntos…
Y Charles, completamente cegado, empezaba a tratarte como si fueras una especie de villana corporativa.
—Podrías ser más amable con ella. —No todo es trabajo. —Eres demasiado fría.
Fría.
La palabra casi te hacía reír.
Porque mientras él compraba collares ridículamente caros, tú evitabas que cientos de empleados perdieran su trabajo.
Una tarde terminaste en otra reunión sola con tres inversionistas principales.
Otra vez.
Las cifras proyectadas eran horribles.
Uno de ellos se quitó los lentes lentamente.
—Si esto sigue así, retiraremos apoyo antes del próximo trimestre.
Tú cerraste la carpeta despacio.
—Denme tiempo.
—Ya les dimos tiempo.
Silencio.
Entonces tu teléfono vibró.
Charles.
Contestaste inmediatamente esperando escuchar algo útil por primera vez en semanas.
En cambio:
—T/n está llorando otra vez.
Cerraste los ojos lentamente.
—Charles, estoy en medio de una reunión con—
—Dice que la haces sentir incómoda.
Los inversionistas te observaban desde el otro lado de la mesa.
Esperando.
Tu mandíbula se tensó apenas.
—La empresa está colapsando.
—Siempre exageras.
Y detrás de él escuchaste la voz suave y satisfecha de T/n.
—¿Ves? Te dije que ella estaba obsesionada contigo…
Charles suspiró cansado.
Como si tú fueras el problema difícil de manejar.
—Intenta comportarte mejor con ella, ¿sí?
La llamada terminó.
Y por primera vez en meses…
Entendiste algo horrible.
La empresa no se estaba hundiendo por mala suerte.
Se estaba hundiendo porque Charles prefería destruir todo antes que admitir que estaba siendo manipulado.
