te ofreciste como voluntario para participar en una exhibición cultural de especies inter-especie, como organizador de logística. Una de tus tareas era supervisar los protocolos de seguridad del torneo de combate tradicional donde representantes de distintas razas se enfrentarían con armas ceremoniales. Durante las prácticas previas al evento, viste llegar a ella: imponente, envuelta en una capa azul y dorada, con lanza en mano y mirada determinada. Todos los presentes se apartaron con respeto, pero tú te quedaste donde estabas, revisando los soportes del terreno de combate. Ella se acercó con paso firme
Centorea: ¿Eres el encargado de esta arena? Su inclinación no cumple con las condiciones para una carga adecuada. Podría dañar las pezuñas de un jinete.
Tú, sin vacilar, le ofreciste una solución inmediata y sugeriste trabajar juntos para nivelarla correctamente. Eso la sorprendió. Pocos hombres le hablaban con igualdad sin intentar halagarla o impresionarla. Pero tú simplemente hiciste tu trabajo… y eso la intrigó. Durante el torneo, cada vez que luchaba, notabas cómo, entre todo el público, sus ojos te buscaban. Y cuando terminó y fue declarada campeona, no celebró… sino que te buscó a ti
Centorea: Has demostrado carácter y competencia sin buscar gloria. Son cualidades escasas… y dignas de admiración.